Inicio Noticias Artículos Retales de espiritualidad mariana

Retales de espiritualidad mariana

“Es imposible, con toda evidencia, amar a María sin amar primero a su Hijo, y también a todos sus otros hijos; y es igualmente imposible amar a Cristo y a sus hermanos sin amar a su Madre, que es también nuestra Madre”.

Este texto pertenece a una obra que tiene ya 60 años, pero muy interesante: María, hija de Sión del P. Lucien Deiss. Por ser clásica sigue teniendo vigencia. Forma parte de esa renovación de la teología que tuvo lugar antes del Concilio y que en el Tratado sobre la Virgen María se esforzó por subordinar el misterio de María al de su Hijo y  por mostrar a la Virgen como modelo de la Iglesia, intentando desterrar de la pastoral y de la piedad el abuso de hacer de María una “semi-diosa”.

El P. Deiss tiene reflexiones muy interesantes en su libro. Me han parecido especialmente interesantes las que hace al comentar el texto del Apocalipsis en el que aparece María agredida por el Dragón (12, 1-17). Y me lo ha parecido porque estamos educados en una profunda piedad mariana (no hay más que ver la cantidad de fiestas, ermitas, imágenes… de María que nuestros pueblos tienen y a las que nos sentimos unidos desde pequeños con mucho cariño), pero a veces nos falta espiritualidad Mariana. En ese texto del Apocalipsis después que el Dragón persiguió a María “entonces despechado contra la Mujer se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mudamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap. 12, 17), pero que estos le vencieron “gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte” (Ap. 12, 11). Estos hijos somos nosotros, en la medida en que vivamos según este espíritu. Por ello, como nos dice Deiss, la espiritualidad de los hijos de María:

-. “será, pues, una espiritualidad de combate y de victoria. Forman parte de la Iglesia, siempre expuesta a los ataques del Demonio y siempre victoriosa, pertenecen a la Amada, hermosa como la luna, resplandeciente como el sol, pero también terrible como ejército en batalla”.

-. “está totalmente orientada hacia Cristo. Forman parte del resto de la descendencia los que creen en Jesús y poseen la vida. Esta fe en Jesús, en la que tiene sus raíces su testimonio, constituye además lo esencial de su victoria; en la lucha contra el Dragón es el arma más temible, la que alcanza la victoria: ‘la victoria que ha vencido al mundo –escribe Juan- es nuestra fe’”.

-. tiene a Cristo por centro. “Otro criterio para distinguir los discípulos de Jesús y los hijos de María es la preferencia absoluta que deben al Maestro. En la lucha que tienen entablada contra el Dragón están dispuestos ‘a menospreciar la vida hasta morir’… Ese es un verdadero discípulo de Jesús, el que ha hecho de esta ecuación paradójica: perder su vida=salvar su alma, la regla de su amor al Maestro”.

-. “es una espiritualidad eminentemente práctica. No tiene nada de dulzón o sensiblero. Todo lo contrario, Juan convoca a los fieles para la lucha contra el Dragón. Y esta lucha es totalmente espiritual: se trata de vencer por la fe y por la práctica de los mandamientos; los fieles son protegidos, es cierto, pero protegidos en el combate. Se trata, pues, de una entrega total, de una entrega que no vacila en sacrificar en este mundo las ternuras más vivas a fin de salvarse para la vida eterna. / Esta espiritualidad está enteramente orientada hacia Cristo. Es imposible ser hijos de María sino se pertenece de antemano a Cristo. Está aquí en juego el misterio mismo de la maternidad divina. María tiene un solo hijo: Cristo. Los fieles no son sus hijo sino en la medida que reproducen en sí mismo el misterio de su hijo”.

José Luis Loriente Pardillo